"Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero."
(Mateo 12:31,32)
¿Existe algún pecado que no pueda ser perdonado? Esa es la pregunta que introduzco en este pequeño estudio, y que tiene una respuesta, ya que Jesús mismo lo determinó así en un diálogo que mantuvo con los fariseos.
Jesús les afirmó que cualquier pecado o blasfemia (hacerse igual a Dios, ver lucas 5:21) nos sería perdonada, pero el pecado contra el Espíritu Santo no. Y agrega: "cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado", ¿porque hace esta aclaración? ¿podían los dirigentes judíos y nosotros hoy en día hablar encontra de Jesús y sernos perdonado, pero no contra el Espíritu Santo? ¿Por que esta distinción?
Vamos a comenzar con un ejemplo sencillo para entender de que se trata todo esto, acompañenme a leer la siguiente declaración de Pablo:
"Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades." (2 Corintios 12: 2-5)
¿A quién se refería Pablo? por cierto se estaba refiriendo a sí mismo pero en tercera persona.
Otro ejemplo es el siguiente:
"El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro." (Juan 20:1-3)
Juan, el discípulo que escribió este libro, también solía referirse a sí mismo en tercera persona, imagínense que no se atrevía a referirise directamente a sí mismo como "aquel al que amaba Jesús".
¿Y de quién aprendieron estos discípulos a referirse a ellos mismos en tercera persona?
Es fácil, lee el siguiente texto:
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. " (Juan 14:16-18)
¿Quién moraba CON los discípulos? ¿No era el mismo Jesús? Fijate que El les aseguro que ellos lo conocían, pero el mundo no. La única diferencia es que luego este Consolador viviría EN ellos. ¿Y quién es nuestro consolador?
"Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?" (Isa 51:12)
Dios mismo desde siempre, fue y es, nuestro Consolador.
Asique hasta ahora pudimos ver que Jesús acostumbraba a referirise a sí mismo en tercera persona, y cuando hablaba del pecado contra el Espíritu Santo estaba hablando de la misma manera. Ahora debemos entender porque los dirigentes judíos (y nosotros hoy) podían hablar contra el Hijo del Hombre o pecar contra Él y llegar a ser perdonados.
Elena de White lo explica claramente en el Deseado de todas las Gentes págs. 289-294:
"Precisamente antes de esto, Jesús había realizado por segunda vez el milagro de sanar a un hombre poseído, ciego y mudo, y los fariseos habían reiterado la acusación: "Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios." Cristo les dijo claramente que al atribuir la obra del Espíritu Santo a Satanás, se estaban separando de la fuente de bendición. Los que habían hablado contra Jesús mismo, sin discernir su carácter divino, podrían ser perdonados; porque podían ser inducidos por el Espíritu Santo a ver su error y arrepentirse. Cualquiera que sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento y la fe no pueden alcanzarle. Es por el Espíritu Santo cómo obra Dios en el corazón; cuando los hombres rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual Dios puede comunicarse con ellos. Cuando se rechaza finalmente al Espíritu, no hay más nada que Dios pueda hacer para el alma.
No es Dios quien ciega los ojos de los hombres y endurece su corazón. El les manda luz para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por el rechazamiento de esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endurece. Con frecuencia, esto se realiza gradual y casi imperceptiblemente. Viene luz al alma por la Palabra de Dios, por sus siervos, o por la intervención directa de su Espíritu; pero cuando un rayo de luz es despreciado, se produce un embotamiento parcial de las percepciones espirituales, y se discierne menos claramente la segunda revelación de la luz. Así aumentan las tinieblas, hasta que anochece en el alma. Así había sucedido con estos dirigentes judíos. Estaban convencidos de que un poder divino acompañaba a Cristo, pero a fin de resistir a la verdad, atribuyeron la obra del Espíritu Santo a Satanás. Al hacer esto, prefirieron deliberadamente el engaño; se entregaron a Satanás, y desde entonces fueron dominados por su poder.
Al rechazar a Cristo, el pueblo judío cometió el pecado imperdonable, y desoyendo la invitación de la misericordia, podemos cometer el mismo error. Insultamos al Príncipe de la vida, y le avergonzamos delante de la sinagoga de Satanás y ante el universo celestial cuando nos negamos a escuchar a sus mensajeros, escuchando en su lugar a los agentes de Satanás que quisieran apartar de Cristo nuestra alma. Mientras uno hace esto, no puede hallar esperanza ni perdón y perderá finalmente todo deseo de reconciliarse con Dios."
Claramente se nos dice que al rechazar a Jesús, estaban rechazandolo a Él sin discernir su "carácter divino" (1 Corintios 2:16),por lo que todavía tenían una oportunidad de ser alcanzados por la influencia de su Espíritu. También leemos que finalmente el pueblo judío rechazo a Cristo ¿y que cometió? EL PECADO IMPERDONABLE, y ¿contra quien se cometía este pecado? SOLO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO, osea, que una vez que el pueblo judío luego de matar a Jesús, lo rechaza vez tras vez en el testimonio de sus hijos hasta el año 70 donde deja de ser la nación escogida por Dios, tenían la oportunidad de ser transformados por la acción de Cristo mismo a través de su Espíritu.
¿Esto significa que rechazar al Espíritu Santo es equivalente a rechazar la obra o influencia de del carácter divino de Cristo en nosotros? Es esto mismo, y llegamos a ello cuando definimos su obra como " la obra de satanás".
"!!Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros." (Hechos 7:51)
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